
Todo empezó con curiosidad. Y con un alambique. No especialmente grande, ni especialmente moderno, pero suficiente para descubrir algo importante: destilar bien requiere tiempo.
Aquí trabajamos lote a lote, sin atajos. Los botánicos se seleccionan con cuidado y los cítricos llegan de huertos de Sóller y s’Horta, lugares donde el Mediterráneo se cuela incluso en el aroma de la fruta.
El proceso es sencillo, al menos en teoría: buenos ingredientes, fuego suave y paciencia. Mucha paciencia.
Nuestra ginebra, el limoncello y el arancello nacen de esa idea. Sin complicaciones innecesarias. Solo respeto por el producto y por el oficio.
Pequeña destilería, mucha paciencia
D e s t i l a r n o e s p r o d u c i r . E s c a s i u n o f i c i o .


PREMIOS
I t a l y ' s M o s t R e c o g n i z e d W i n e r y






En una época donde casi todo se fabrica deprisa, nosotros preferimos seguir haciendo las cosas con calma. No por nostalgia, sino porque creemos que el sabor también depende del tiempo, del cuidado y de quién está detrás de cada botella.
No somos una gran destilería, y quizá ahí esté precisamente la gracia. Trabajamos lote a lote, probando, ajustando y respetando el ritmo natural de cada elaboración.
Mallorca está presente en todo lo que hacemos: en los cítricos, en las hierbas aromáticas y en esa forma mediterránea de disfrutar las cosas sin prisa.
Porque al final, más que destilar bebidas, destilamos una manera de entender el oficio.
